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Castellón

Las famosas cuatro bellezas chinas

Antiguamente, las mujeres muy guapas era señal de problemas, tiranía y desgracias; pero hubo cuatro que aparecieron en los cuentos siendo personajes reales. Su leyenda está viva hasta hoy día por motivos relacionados con el gobierno y son muy veneradas por las cualidades que les atribuyeron.

Una de ellas era Xi Shi, llamada “Fundir en la profundidad a los peces” porque cuando lavaba su ropa en el río, los peces se deslumbraban con su belleza y caían al fondo. Su nombre real era Shi Yiguang (施 夷 光) y nació en un pueblecito del antiguo Yue en el Período Primavera y Otoño, entre el 770 adne al 403 adne. La verdad de la historia está en que enviaron a Xi Shi a seducir al gobernante del Estado de Wu, quien al final fue derrotado por el Estado de Yue.

El poder de “Eclipsar a la luna” fue atribuido a Diao Chan; cuando ella miraba la luna, ésta se avergonzada por no ser tan bonita y se escondía trás las nubes. La verdad de la historia es que dominaban la corte un funcionario corrupto llamado Dong Zhuo y su hijo afectivo Lü Bu. Como el pueblo les llenaba de quejas, el resto de funcionarios decidieron crear celos entre ambos, haciendo que la hermosa Diao Chan se prometiera en matrimonio a Lü y después se entregara a Dong. Al final Lü Bu mató a Dong Zhuo.

“Hacer caer a tierra los ánades silvestres en vuelo” era el don de Wang Zhaojun, que vivió de 206 adne hasta 25 dne, durante la dinastía Han del Oeste y trabajó en el palacio imperial de Han. Para que la seleccionaran y que no pareciera un soborno, porque todas sobornaban al pintor real para que las dibujase bien guapas para la foto, ella pidió a Mao Yanshou, el pintor, que la dibujase muy fea; tan fea la creyeron que la mandaron a trabajar al Palacio frío, donde se te congelaban hasta las pestañas. La verdad es que, por aquel entonces, los hunos seguían ganando batallas contra los Han y, para que ellos se debilitasen en sus humos, brindaban a sus mujeres a los guerreros hunos de alto rango. Como éstos vivían en lugares muy fríos y alejados, ninguna quería ir, pero Wang Zhaojun expresó su voluntad de sacrificio y decidió casarse con uno de los jefes de los hunos. Cuentan que el emperador Han quiso conocer a la muchacha que se ofreció y que al verla se enamoró, al igual que ella de él.  De camino a su nuevo hogar, la chica se entristeció tanto que sacó su instrumento y tocó una pieza tan triste que los ánades silvestres del cielo cayeron de pena al suelo.

Yang Yuhuan tenía el poder de “Avergonzar a las flores”. Fue una concubina de la dinastía Tang, que duró de 618 dne hasta 907 dne. Era la que más se estimaba el emperador Tang Xuanzong, tanto que estaba obsesionado con ella y dejaba sus tareas de gobierno sin hacer. Cansado uno de los generales llamado An Lushan, dio un golpe de estado y el emperador tuvo que huir con Yang Yuhuan y algunos funcionarios y soldados. Durante la huída, los soldados culparon a la chica por la dejadez del emperador y las quejas del pueblo, así que pidieron al emperador que la ejecutara. Y así sucedió.

Espero que os hayan gustado las historias.

Gracias por venir y leerme.

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4 Comentarios
  • Hola, Verónica:
    Una vez más, el leerte me lleva a pensar en mis convicciones, pero de manera diferente, con otra perspectiva.
    Me vuelvo a plantear qué nos lleva a mantener un ejército, cuando tanto el arte (como la Historia en tus historias) nos demuestra que la Belleza estimula la creatividad y mata a los miserables.
    un abrazo, Verónica.

    • Pese a que alardeamos de cerebro, querido amigo, los humanos son los animales más descerebrados. Los ejércitos se tienen para lograr triunfos, como todos los quieren, del mismo modo los necesitan para protegerse. Seguro que tu y yo no necesitaríamos un ejército para protegernos ni para ampliar nuestro poder, territorio o para quedarnos con el recursos naturales de otros. Vergüenza de hunamos miserables; como dices, más valdría enamorarse de la belleza.

      Muchas gracias por venir, un abrazo, Nino.

  • Me ha encantado la historia, que parece de cuento, o se podría crear un cuento de ella. Nada conocía al respecto, por lo que ha sido maravilloso aprender contigo de las cuatro bellezas chinas.
    Gracias Verónica. Estuve una semana ausente de internet, necesitaba un descanso, anduve por tu tierra, te recordé, el mar estaba precioso, hubiera sido estupendo tomarnos un café… Otra vez será. Mi abrazo, admiración y cariño.

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